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Palabras pronunciadas por la Rectora de la UCV, Profesora Cecilia García-Arocha, en ocasión de la apertura de la exposición coloquio homenaje con motivo del centenario del nacimiento de Guillermo Meneses.

 

 

En el año 1976 el Rector de esta casa de estudios, Doctor Miguel Layrisse, recibió de manos de Guillermo Meneses los derechos de autor de toda su obra. Este honor y reconocimiento que el escritor, en ya deteriorado estado de salud, hizo a la Universidad Central de Venezuela como institución que preserva, custodia y divulga las manifestaciones artísticas venezolanas y universales, sería suficiente razón  para celebrar su memoria.

 

En este sentido, consideramos  grata la oportunidad de hacernos presentes y dar inicio  a este justificadísimo homenaje, en ocasión del  centenario del nacimiento de este ilustre venezolano, homenaje bibliográfico, gráfico y académico que con tanto esfuerzo y cariño ha venido organizando el instituto de investigaciones literarias desde el semestre pasado, con el valioso  apoyo que tanto la dirección de cultura como la biblioteca central han prestado a este evento, a quienes expresamos el reconocimiento de la institución ,al tiempo que  saludamos  la presencia de los participantes y asistentes que a partir de hoy podrán ampliar multi-mediáticamente sus conocimientos sobre tan destacado  escritor.

 

Para resaltar los fundamentales aportes de Guillermo Meneses a la literatura venezolana el instituto ha organizado dos coloquios integrados por especialistas del mismo instituto, de la escuela de letras y de la universidad de los andes. De la revisión de sus ejecutorias tomamos algunas notas que nos permiten exponer de manera breve su importancia, no sólo en la literatura, sino como cronista de la ciudad.

 

Egresado  de nuestra universidad como Doctor en Ciencias políticas, ejerció funciones públicas en Venezuela y diplomáticas en Bruselas y París, la cuidada pulcritud de su actividad literaria fue el hilo conductor de su vida. En 1971 le declara a José Balza: “siempre me gustó ser buen escritor”. Por eso en esa entrevista e incluso en algunos ensayos es capaz de reflexionar sobre la evolución de su obra narrativa,  que comienza muy joven, en 1930, con el cuento “Juan del cine”, publicado en la revista élite.

 

Orlando Araujo destaca dos tratamientos estructurales de sus temas recurrentes: el de los inicios es épico, objetivo, lineal, con punto de vista omnisciente; se manifiesta en novelas como Canción de negros (1934), Campeones (1939), El mestizo José Vargas (1942) y en cuentos como “Adolescencia” (1934), “Luna” (1938), “Alias el rey” y “Un destino cumplido”, estos últimos de 1947.

 

La descripción que hace Araujo de su posterior enfoque y concepción estructural viene a ser una síntesis de la trascendente renovación que incorporó Meneses a la narrativa venezolana:

 

“…es subjetiva, introspectiva, a veces delirante, forma que siguiendo un tiempo psicológico, avanza y retrocede y se enrosca, con estructura de espiral girando sin fin sobre su propio centro”. Es también la descripción de su cuento más innovador, “La mano junto al muro” (1951), cuyo nebuloso vanguardismo ya tenía antecedentes en “La balandra Isabel llegó esta tarde” de 1934, cuento que impactó a la crítica de la época.  Con Meneses se consolidan definitivamente en Venezuela corrientes foráneas experimentales que poco a poco se venían gestando en nuestros narradores anteriores.  El falso cuaderno de narciso espejo es, con “La mano junto al muro”, el otro hito que separa la narrativa venezolana en un “antes y después de Guillermo Meneses”.

 

Tuvo una breve incursión en el teatro,  con “El marido de nieves mármol” (comedia en tres actos de 1944), pero preferimos en esta apertura concederle más importancia a sus ensayos, que han servido de obligados textos críticos para los estudiantes e investigadores del área de letras, y a su labor como fundador y director de cal. Revista de crítica, arte y literatura, que se publicó entre los años 1962 y 1967.

 

Como cronista de la ciudad de Caracas desde 1965 hasta su muerte, realizó una intensa actividad de investigación en documentos históricos, actividad que se refleja en ese hermosísimo Libro de caracas editado en 1967 por el Concejo Municipal para conmemorar el cuatricentenario. En él, haciendo gala de sus dotes de cronista, va enlazando, con amenísima prosa de fundamento histórico, reproducciones de nuestro arte colonial, fotografías y facsímiles de documentos antiguos trascendentales en la vida socio-política de la ciudad.        

 

Decía Raúl García-Arocha que hay personas que dejan huella en la vida de las instituciones y del país y que en consecuencia es deber de ellas rendirles perenne homenaje, nos satisface hacer cierta en este día la expresión de nuestro padre. Al manifestar nuestro sentimiento solidario con sus familiares, ex alumnos, queremos concluir nuestra intervención con el párrafo  inicial del texto de Araujo dedicado a “La narrativa de Guillermo Meneses”,

 

“La narrativa de Guillermo Meneses me da la impresión de un libro que no termina nunca, siempre haciéndose, buscando una identidad que no encuentra y la cual, en cada entrega editorial (cuento, novela, ensayo) invade por un flanco diferente el enigmático asunto de su asedio”.

 

Orgullo universitario  es el sentimiento que prevalece en momentos en que como este se muestra en las obras de los ucevistas la esencia misma de nuestra universidad. Que sean tanto  la presencia de su obra aquí expuesta (preservada por nuestra biblioteca central)  como los distintos enfoques con los que los especialistas la analizarán, la mejor muestra de que el “libro de Meneses” estará siempre abierto para rehacerse en cada lectura.

 

Muchas gracias.

 

 

Caracas, 27 de septiembre de 2011