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Palabras pronunciadas por la Rectora de la UCV, Profesora Cecilia García-Arocha durante el acto de conmemoración del Bicentenario de la independencia.

 

 

La independencia, al decir de historiadores y otros científicos de las ciencias sociales, marca el inicio de la historia contemporánea de Venezuela y constituye basamento para la conformación de la identidad nacional, porque hechos como éste, cuando adquieren  dimensión histórica, se transforman en parte esencial de los valores y de la conciencia colectiva de un país, como señala la sociología.

 

Valga referir la siguiente cita de un destacado miembro de esta disciplina,  Robert Merton:

“...sin un fondo de valores comunes  a un grupo de personas , puede haber relaciones sociales, intercambios desordenados  entre los hombres pero no sociedad”.

 

Por ello, este episodio fundamental en la vida de Venezuela, exige, doscientos años después,  nuevas reflexiones para establecer su significado e importancia en la evolución de Venezuela como república independiente y soberana.

 

Reflexiones que deben, necesariamente, sin sacrificar posturas o interpretaciones, despojarse de pasiones y subjetividad para encontrar certeras explicaciones no solo de lo ocurrido hace doscientos años, sino de su incidencia en la época presente.      

 

En ese sentido sigamos a nuestro gran historiador  Elías Pino Iturrieta, quien aconseja, no solo celebrar este acontecimiento cardinal para los venezolanos,  sino también

 “hacer un inventario   del camino recorrido para ver cómo le hacemos para que el vehículo (es decir el país), haga con mayor fortuna el itinerario que le falta”.

 

La Universidad Central de Venezuela, protagonista de esa magna gesta  con todos esos ucevistas que hoy honramos con sus rostros y señales en los pasillos de nuestra plaza cubierta, es una institución abierta a la discusión, a la generación de conocimientos, al sentido plural del pensamiento, por estas razones  asume el compromiso de promover un  debate  amplio, libre, acerca de nuestro pasado y sus vínculos con el presente  para atisbar el  futuro y comprender y satisfacer lo que  nos exige la nación.

 

Así, esta fecha bicentenaria y la lectura detenida del acta de la independencia, nos recuerda que desde su nacimiento  como nación la idea de libertad, el derecho a la felicidad, la división de poderes  junto con la autonomía como nación soberana, han sido valores constantes en nuestro devenir histórico, contrarios a cierto pesimismo sociológico que nos quiere presentar como sociedad que espera pasiva  redimirse mediante algún caudillo o tirano.

 

Al respecto son certeras las palabras de la investigadora Ana María Valeri:

 

 “…el 5 de julio de 1811 se legitima el derecho de los habitantes de la nueva tierra por ejercer su voluntad para 0btener libertades y forjar su propio destino. Todo ello concebido dentro de un ambiente íntegramente civil”.

 

Dada la magnitud de lo que hoy celebramos se  han  creado expectativas de diversa orientación, interpretaciones múltiples, que en ningún caso pueden convertir la gesta de ayer en elemento utilitario para intereses ajenos al verdadero significado y sentido de patria.   

 

Sostenemos como ucevistas, proclives, sin duda, a la civilidad que  el bicentenario no debe ser  utilizado para legitimar un proyecto político o parcialidad alguna. Igualmente somos contrarios a reducir la gesta independentista,  junto a sus símbolos como la firma del acta de la independencia, a una empresa épica con predominio militar, en la cual las voces de los legisladores, juristas, filósofos sean ahogadas por el ruido de los fusiles y el paso de los guerreros a caballos.

 

No podemos admitir que la figura egregia de ese gran ucevista Juan Germán Roscio, sea sólo una referencia diluida en una mar de uniformes y sables. Porque la independencia fue un proyecto concebido por notables figuras de la civilidad de la época, quienes redactaron manifiestos, leyes, reglamentos, doctrinas sin las cuales la independencia habría sido un acontecimiento vacío y sin trascendencia.

 

Esta casa que vence la sombra , quiere ratificarle  al país  que lo concebido en una de las  células germinales de la UCV: la antigua capilla de nuestra casa de estudios, magno escenario donde el 5 de julio de 1811 se declaró la independencia de Venezuela,  cuya acta fue redactada y firmada mayoritariamente por  universitarios, concediéndole el  sello civil que la caracteriza, que, los ucevistas de hoy tan universitarios y civilistas como aquellos, somos cultores de los mismos  valores que le dieron sentido unitario al país que ahora compartimos.

 

En esta casa de reflexión, de ideas, de discursos y conocimientos, seguimos defendiendo los valores expresados en el acta de la  independencia; libertad, soberanía, autonomía, derechos humanos, división de poderes, civilidad y sobre todo el derecho a ser nosotros mismos sin imposiciones, sin pensamientos absolutos con una vocación firme por la democracia y el pensamiento libre sin ataduras ni caudillos, ni dinastías coronadas o uniformadas.

 

En nombre de esos  valores esenciales que definen a la universidad y a la república digamos todos que seguimos luchando por un país y una universidad sin despotismos que nos tiranice.

 

Así, emocionados expresemos para celebrar este  bicentenario, que Venezuela será siempre libre,   independiente y democrática. Igual que esta ilustre  Universidad Central de Venezuela será siempre:  cultura de paz, libre, plural, democrática y siempre autónoma.

 

Muchas gracias.

 

Caracas, 6 de julio de 2011