Parque Nacional Dinira

Un deslumbrante mosaico de ambientes

Ubicado entre los estados Trujillo, Portuguesa y Lara, es difícil encontrar en Venezuela o en cualquier parte del mundo algún parque nacional que tenga tan bellos y variados ambientes como el Parque Nacional Dinira, y que represente tan fielmente el genuino y sincero espíritu de nuestra tierra venezolana.

El Mosaico

En este maravilloso lugar, aunque usted no lo crea, conviven a pocos metros uno del otro, los caseríos, las cuevas, el bosque, el pino, el páramo, la selva, el desierto, el frailejón, el cactus, la rosa, la humedad y la sequedad.  Todo, siempre uno al lado del otro.

El Sector de Barbacoas

Sin menospreciar los hermosos páramos del Cendé (3500 m.s.n.m. aprox),  ni las cuencas, ni embalses que dan origen a los Ríos Tocuyo y Motatán, ni tantos otros sitios de incomparable belleza dentro de Dinira, esta vez les contaremos cómo ha sido nuestra experiencia en las zonas aledañas al pueblo de Barbacoas, Edo. Lara.

Los Fósiles

Tomando un autobus desde la ciudad de Barquisimeto, se llega al pueblo de Barbacoas, de gente cordial y sitio histórico. Es uno de los más antiguos asentamientos españoles en nuestra tierra y la humilde y bien cuidada iglesia de la época es testigo de ello.  A pocos metros de allí, se encuentra la Aguada de San José, un lugar en el cual afloran fósiles marinos entre las rocas, entre los cuales se encuetran moluscos prehistóricos y otras criaturas petrificadas.

La Cueva de Las Peonías

Como a 12 Km desde Barbacoas, siguiendo la carretera asfaltada, se puede visitar la Cueva de Las Peonías, sitio inédito, ya que aunque usted no lo crea, las paredes, techos, hoyos y arrastraderos son totalmente hexagonales ó cuadrados, sin explicación aparente, como labrados por una mano prehistórica, pero son en realidad producto de la forma del cristal que forma la roca.

La Cascada del Vino

Como un kilómetro más andando por la carretera, entonces se llega a la Cascada del Vino, otro sitio muy singular, ya que es una caida de aprox. 50m de agua, en una pared vertical de roca caliza. Pero lo más interesante es que este enorme pozo, tiene agua totalmente roja como la Coca-Cola todo el año, especialmente en época de Verano.



El Valle de Nunca Jamás

Si uno decide andar ya como excursionista, puede uno adentrarse hacia la fila de Nunca Jamás (2700 m.s.n.m aprox), caminando 4 horas entre todos los ambientes del parque y acampar en el valle de Nunca Jamás (o páramo de las cruces). En este sitio, se pueden observar todo tipo de animales nocturnos, una sequedad impresionante y frailejones que crecen a la misma altura que en El Ávila. Desde aquí, se puede llegar al abismo (frontera entre Lara y Trujillo), al Pico Altamira (3200 m.s.n.m.) y la fila Nunca Jamás.

La Fila de Nunca Jamás

Si se decide uno a atravesar la fila de Nunca Jamás, se pueden divisar diversas y enormes lagunas montaña abajo, de diferentes colores, que sirven de suministro de agua para una fábrica de hielo ubicada en pleno páramo y para los pueblos y caceríos cercanos, que solo reciben agua de la montaña.

La Aguada de Arenales y Jabón

Si se sigue caminando se llegará a la Aguada de Arenales, un hermoso cacerío donde se cultivan diferentes rubros y en el cual se puede tomar rumbo a los embalses, la fábrica y finalmente retornar hacia Barbacoas, o en vez de eso, virar hacia el Pueblo de Jabón, el pueblo de los champiñones, con su hermosísimo e impecable Convento.

La Cueva de San Pedro

Si se quiere, se puede ir en autobus de Jabón al Pueblo de San Pedro. Este último pueblo, de gente amable, tiene la iglesia más grande de la zona. Aquí, se puede visitar la cueva de San Pedro, de aires enrarecidos
con techos altos y parecidos a la Cuevas de Alfredo Jahn. No se parece en nada a la cueva de Las Peonías, al menos en sus primeros metros. Dícese de un entierro indígena que se encuentra en la entrada de la cueva.

El Regreso
Finalmente, después de habernos deleitado con esta joya dorada entre todos nuestros parques nacionales, se puede tomar un autobus de vuelta hacia Barquisimeto, desde el pueblo de San Pedro.

 

Relato por Raúl Barroso