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Infecciones Vaginales

por el Dr. José Manuel Martín G.

 

 

En este número vamos a tratar un tema de especial interés para las jóvenes deportistas ya que comentaremos afecciones ginecológicas de tipo infeccioso, algunas de las cuales son consideradas enfermedades de transmisión sexual.

 

La Leucorrea o Flujo es una secreción vaginal debida a una irritación, infección o cualquier otro proceso que trastorna la fisiología normal de la vagina. 1 de cada 4 consultas ginecológicas se debe a este tipo de problemas. La mayoría de los casos de leucorrea se deben a infecciones vaginales, sin embargo, esta manifestación puede ocurrir por la presencia de tumoraciones o cuerpos extraños dentro de la vagina o en el cuello del útero. En este y próximos artículos nos limitaremos a las leucorreas de causa infecciosa.

 

La Tricomoniasis es una infección debida a un protozoario conocido con el nombre de Trichomona vaginalis. Esta infección puede aparecer sin contacto sexual previo, pero en la mayoría de los casos se trata de una infección venérea, es decir, adquirida por contacto sexual. El varón puede contagiarse pero casi siempre es asintomático. En la mujer aparece un flujo intenso, de color amarillo-verdoso, espumoso y que causa gran picazón en sus genitales, mal olor, y dolor con las relaciones sexuales.

 

La Candidiasis Vaginal es una infección causada por el hongo Candida albicans que es capaz de producir gran irritación vaginal, con picazón y un flujo blanquecino, espeso, con "aspecto de leche cortada o requesón" y puede ser contagiada a la pareja sexual.

 

La Vaginitis por Gardnerella Vaginalis consiste en una infección causada por este agente que produce un flujo maloliente (característicamente tiene olor a pescado podrido), de color amarillo-grisáceo, que generalmente no pica.

 

Hemos mencionado 3 agentes causantes de vulvovaginitis, pero lo más importante de todo esto es recordar que todo flujo o descarga vaginal, que no sea transparente, tipo clara de huevo (flujo cercano al día de ovulación), es anormal, especialmente si pica o huele mal; y debe inducir a la mujer a acudir a una consulta médica donde a través de un sencillo examen ginecológico y una toma de muestra de ese flujo, que puede ser examinado en el propio consultorio o en un laboratorio especializado, se puede llegar al diagnóstico preciso de la enfermedad y por lo tanto aplicarse la terapéutica adecuada, tanto a la paciente como a su pareja, que generalmente consiste en normas de higiene genital adecuadas, duchas vaginales para alcalinizar o acidificar la vagina (según el caso) y tratamiento con óvulos o tabletas vaginales específicas para la afección diagnosticada.

 

 

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