- Año de Creación: 1980
- Director: Prof. Milena Sosa
- Ubicación: Edif. Biblioteca Central piso 5
ENTREGA DEL PREMIO DE DDHH
CON MOTIVO DE LA ENTREGA DEL PREMIO DE DDHH
Señor Embajador de la Embajada de Canadá, Paul Guibbar
Distinguidos invitados, damas y caballeros.
El Premio de DDHH patrocinado por la Embajada de Canadá llega a su 3ra. Edición. El CPDH de la Universidad Central de Venezuela se complace en poder ser testigo de este destacado premio y contribuir a su realización.
Como todos Uds. saben, la primera edición del premio fue otorgada al Humberto Prado, director del OVP; en la segunda, el ganador fue Feliciano Reyna, presidente de Sinergia y Acción Solidaria. En esta tercera edición le fue concedido a Raúl Cubas, miembro fundador de Provea.
En el art., nº2, bases del concurso, leemos: “Los defensores de los derechos humanos son aquellos individuos, grupos y organismos de la sociedad que promueven y protegen los derechos humanos y las libertades fundamentales universalmente reconocidos” (Declaración sobre Defensores de Derechos Humanos establecida por Naciones Unidas en 1998, y precisamente este premio busca darle un espaldarazo a quienes desde hace muchos años vienen contribuyendo significativamente en esta ardua tarea que representa la promoción y defensa de la dignidad de la persona humana, de vida misma en sus múltiples dimensiones, en un contexto como el nuestro que se torna cada vez más difícil para las ONGs que trabajan con DDHH.
Recientemente, en octubre de 2011, Venezuela fue sometida al Examen Periódico Universal (EPU). Todos sabemos lo que allí pasó. Fue un gran momento para tomarle el pulso al estado de los ddhh en nuestro país, un tiempo oportuno para escuchar cuestionamientos de fondo, preguntas y respuestas. De ello nos quedó el sabor de que algunas cosas, aunque insuficientes, se están haciendo para garantizar y respetar los ddhh: educación, salud, vivienda, trabajo, pero otras quedan aún como serios déficits que el Estado venezolano debe asumir y aceptar las recomendaciones en materia de libertad de expresión, protección a los defensores y defensoras de ddhh, la despolitización del poder judicial, entre otros. Ello sería una ganancia para todo el pueblo venezolano, fortalecimiento del Estado de Derecho y la democracia. En esto nos mantenemos a la expectativa y sin bajar la guardia.
Este año se vislumbra sumamente difícil y complejo. Una vez más entramos en el torbellino polarizado de las elecciones. Pero hay cifras que nos entristecen y a la vez nos indignan: el año 2011 hubo 19.336 muertes violentas en el país. Una cifra aterradora.
También son tristes, dolorosas e indignantes las muertes que a cada instante ocurren en las cárceles del país. En cualquier parte del mundo esto es más que una guerra fratricida, en especial de los sectores más desposeídos. Es una violencia desbordada y que amerita voluntad política de los poderes públicos del Estado, pero también movilización de toda la sociedad. Tenemos que seguir haciendo nuestro trabajo para contribuir a disminuir esos niveles de violencia, para seguir aliviando el dolor y sufrimiento de tanta gente que es despojada del bien más preciado que le ha dado Dios: la vida. La defensa de la vida, la promoción de los DDHH, la búsqueda de la verdad, de que se haga justicia, del respeto a la diferencia, del diálogo, la tolerancia, son hoy por hoy un imperativo que nos ha de seguir moviendo a trabajar en la construcción de una cultura de paz. Venezuela necesita reconciliarse. Como bien acaban de señalar nuestros obispos en su reciente documento de la XCVII Asamblea Plenaria Ordinaria (APO) anual: este año es el año de la reconciliación nacional. También Su Santidad, el Papa Benedicto XVI en su mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Paz ha dicho: “Vivimos en un mundo en el que la familia, y también la misma vida, se ven constantemente amenazadas y, a veces, destrozada”. Es urgente, pues, antes de que sea demasiado tarde que los venezolanos transitemos las sendas de justicia y de paz, del perdón y la reconciliación. “El deseo y la necesidad de reconciliación implican restablecer la convivencia nacional a partir del respeto y aprecio mutuos, el efectivo reconocimiento del pluralismo político-ideológico, cultural y religioso y la correspondiente tolerancia hacia los demás… ello favorecerá un clima político – social idóneo para el entendimiento mutuo y para superar la agobiante polarización que padecemos” (APO XCVII, nº4).
Ante este panorama, debemos fortalecer nuestra esperanza, dejar que las voces de los que sufren y son despojados de sus derechos fundamentales, sigan traspasando nuestro corazón y, paradójicamente, imprimiendo en nosotros la fuerza necesaria para seguir apostando por la vida en contra de la muerte, para seguir defendiendo la vida y hacer valer sus derechos, que en definitiva son también los nuestros. En todo esto contamos con el auxilio de Dios. Ánimo, sigamos adelante. Nadie nos hará callar. A.m.d.g.
P. Raúl Herrera, s.j.
Director


