La plaza cubierta

El secreto mejor guardado de Caracas

 

El próximo 2 de diciembre la Ciudad Universitaria de Caracas, cumplirá una década de la memorable declaración “Patrimonio Cultural de la Humanidad". Esta asignación define su recinto como uno de los hitos del "paisaje moderno" en occidente. Un argumento que bien justifica una visita a la ciudad de Caracas.

 

Y es que en solo cinco años, a partir de 1950, Carlos Raúl Villanueva, su arquitecto y planificador, orienta su visión de la Ciudad Universitaria de Caracas hacia un enfoque plenamente audaz y complejo, y localiza nuestra urbe como uno de los más impactantes laboratorios de la modernidad. Atrás quedo la ciudad del eje monumental y los edificios autónomos, atrás quedó el Hospital Universitario, La ciudad horizontal de pocos edificios y extensas áreas verdes. Se transformó en una ciudad universitaria de carácter urbano; aparece así, bruscamente, lo que se puede considerar el secreto más impactante de su proyecto: el Conjunto Central de Plaza Cubierta, el Aula Magna, el Rectorado, la Plaza de Conciertos, la Biblioteca Central; aparecen las zonas de alta densidad: Arquitectura, Farmacia, Odontología: se devela la propues­ta de la Síntesis de las Artes, se multiplica la variedad de espacio y la oferta de funciones articulada.

 

El largo corredor que señala el plano virtual y monumental de las astas de banderas (como antesala desde el estacionamiento a la Plaza Cubierta) queda como un gesto violentamente simbólico y conmovedor, que, como un muro virtual, cancela lo acontecido, separa definitivamente la etapa conflictiva y contradictoria de la zona médica que que­dó en el pasado. Detrás del corredor desaparece el ritmo beauxartiano y desde la simetría superada se desencadena una inesperada libertad, visualizada en la libre expresión del concreto modelado en su forma mas brutal.

 

Conjunto Central. El espacio desarticulado

En el Conjunto Central y en la Plaza Cubierta, Villanueva se pro­pone eliminar la función aislante del muro y traza toda la composición desde una planimetría francamente desarticulada y abierta. La organización de los espacios obedece a un planteamiento libremente escultórico más que a las exigencias de lo que se llamaba la funcionalidad en la arquitectura racional. Esta conciencia del rompimiento es tan desafiante que el soporte estructural del Aula Magna es concebido desde una forma definitivamente plástica, y no como el simple esque­leto portante sobre el cual descansa la forma. Como en Wright debido a que no hay espacio dado a priori, el valor de fuerza que adquiere cada elemento de la composición arquitectónica ya no podrá depender de su distribución racional en el espacio, según intervalos proporcionales, sino solamente de la materia y e impacto de los elementos en el recorrido: corredores, pozos de luz, jardines, obras de arte y cerramientos.

 

El espacio interno

Luego de la experiencia del Estadio Olímpico, influenciado por el pensamiento de Bruno Zevi, Villanueva oriente un nuevo sentido a su investigación hacia la búsqueda del espacio interno "La buena arquitectura será la que tiene un espacio interno que nos atrae, nos subyuga espiritualmente; la mala arquitectura será la que tiene un espacio interno que nos da fastidio y nos repele. Pero es importante establecer que todo lo que no tiene espacio interno no es arquitectura".

 

En la Plaza Cubierta el concepto original está dado en la interpretación del espacio interno, el cual asume para discriminar entre arquitectura y no arquitectura, entre arte y construcción; y que finalmente, se precisa y declara como la instancia fundamental que Villanueva aporta a la cultura arquitectónica moderna.

 

En la Ciudad Universitaria la dimensión espacial puede darse en relación con los edificios entre sí. Sin embargo, es en la dimensión panorámica de quien camina donde se percibe la idea de un espacio único, espontáneo, libre y a la vez planificado. Villanueva pone a prueba su capacidad para prevenir el espacio público y urbano, pero es en el espacio interno donde demuestra su capacidad profesional y creativa. “la forma aparece adentro como afuera: es nada más como la película envolvente que corta el espacio únicamente por donde sea necesario. Cuando la forma cesa de ser funcional, ya es decorativa y nace inmediatamente el ‘academicismo de un estilo’. El objetivo final de la arquitectura es el espacio y no la forma; cuando existe predomi­nio del contenido sobre la forma la arquitectura pierde su cualidad plástica, y cuando la forma domina aparece el formalismo. Hay que recalcar también que las formas no tienen fronteras y pasan fácilmente de un país a otro".

 

En el conjunto central la ciudad nunca aparece frontalmente; se devela como el encadenamiento de situaciones longitudinales, tangenciales y desequilibradas; su espacio urbano es también espacio interno. A lo largo de ella los lugares aparecen definidos entre edificaciones que acentúan la idea de la interioridad. El Patio de Honor es la antesala enmarcada entre los bloques racionalistas del Rectorado y los edificios de administración y el destinado al museo. Allí, Villanueva propone la superposición de dos situaciones perceptivas: la idea del espacio renacentista aparece como una paradoja, es vista desde el automóvil y recurre a la falsa perspectiva frontal; sin embargo, el acceso de los pea­tones se establece con mayor intensidad a través de la planta libre del museo desde donde el espacio moderno vierte su continuidad desde el estacionamiento hacia el parque. En este punto la torre del reloj sirve como articulación entre todas las entradas.

 

Al traspasar el umbral de acceso marcado por la pronunciada marque­sina la estructura de la plaza se presenta rotada infinita, dinámica y multidireccional. La función de la obra arquitectónica se transmite al visitante en cuatro aspectos: la jerarquía de los espacios, la fisonomía de la estructura, la ubicación de las obras de arte y finalmente la circu­lación. Es a partir de un ajuste perspectivo cuando el visitante irrumpe en la Plaza Cubierta, solemne vestíbulo de todas las actividades del conjunto central: Rectorado, Paraninfo, Sala de Conciertos, Bibliote­ca Central, y el gran auditorio: El Aula Magna, que informalmente a lo largo de las rampas declara su actividad. Toda referencia a una fachada monumental ha sido rechazada.

 

La Plaza Cubierta acoge los edificios destinados al uso público que identifican el espíritu universitario. La ambigua interpretación de un espacio cubista y a la vez orgánico, arrasa con la visión racionalista y a la vez monumental. La loza irregular de la cubierta sostenida en un sistema cartesiano de pórticos integrados en una retícula ortogonal desencadena una experiencia de circulación, estimulante y compleja: pozos de luz, rampas, vegetación, cambios de altura surgen como una alternativa a la rigurosa racionalidad.

 

El proyecto de Villanueva es íntegro, total y continuo; se refleja en las fuerzas de las formas en movimiento que, como una epifanía integran las variaciones de luz, las sombras y el aire en la expresividad de una atmósfera planteada en los bordes de la cubierta y en la dimensión sosegante (sic) que adquiere el concreto. La búsqueda de Villanueva exalta la máxima experiencia sensorial de todas las condiciones climáticas, de todas las tensiones perceptivas; la forma de lo arquitectónico es única y reducida a una parquedad estilística que da relevancia, como en muy pocos lugares del mundo la ubicación e instalación de la obra de arte.