Reseña histórica de la Escuela de Artes

La Escuela de Artes inicia su actividad docente el 18 de abril de 1978 bajo la Dirección interina de quien para la fecha era el Decano de la Facultad de Humanidades y Educación, Doctor Edmundo Chirinos. A los dos meses de haber comenzado sus actividades, es nombrado director el Doctor Inocente Palacios, quien recibe la Escuela sin aulas, con sólo tres profesores de planta y con la asignación de setecientos ochenta y siete bolívares mensuales para gastos de funcionamiento.

 

La necesidad de una Escuela de este tipo había sido planteada por la Facultad de Humanidades y Educación desde hacía ya varios años, ya que si bien algunas universidades habían venido desarrollando, a través de departamentos de extensión, secretarías de cultura y otras dependencias afines, algunos programas destinados a estimular las manifestaciones artísticas, no existía en Venezuela una Escuela de Artes con un nivel universitario de estudios. Era notoria también la escasez de críticos e investigadores especializados, capaces de valorar y orientar el panorama artístico venezolano, así como de fomentar una mejor apreciación de las artes en los diversos sectores de la población.

 

Todo el proceso de gestación y desarrollo de este proyecto tiene un pasado iniciado de manera informal por personas vinculadas al medio artístico, y posteriormente, de manera más formal, a través de comisiones (1) que se fueron sucediendo y que contribuyeron a definir el contenido curricular de la Escuela. Lo que se planteaba en el Proyecto para la creación de ésta, era la importancia del arte en la conformación de una conciencia nacional que se apoyase en nuestra identidad como sociedad latinoamericana y que, a la vez, pudiese tender puentes hacia las fuentes mundiales de la cultura y a la forma como éstas se relacionan con la génesis de nuestras corrientes estéticas y obras artísticas. Con esto se esperaba contribuir a la creación de una conciencia defensiva (y creativa) de nuestro ser histórico, y se planteaba además la posibilidad de un campo de investigación que pudiese gestar recursos humanos idóneos, tanto para relacionarnos con el pasado, con la historia de nuestras expresiones estéticas, como para promover nuevas creaciones.

 

Por otra parte, al definir las metas que se proponía una Escuela de Artes perteneciente a la Universidad Central de Venezuela, se partía de la idea de una escuela experimental, abierta a múltiples posibilidades de labor docente y práctica, lo cual le permitiría un diseño curricular dinámico y posibles revisiones en su estructura que beneficiasen la docencia y la investigación, pues el primer objetivo hacia el cual se encaminaba este diseño curricular era la formación de profesionales que estuviesen capacitados para realizar labores de docencia, crítica e investigación en las artes.  En otra de sus funciones, la Escuela debía proveer a la Facultad y a la Universidad de información y materias de índole artística que se impartiesen como asignaturas electivas en otras escuelas. De igual modo, había que nombrar entre las proposiciones ineludibles la necesidad de una cabal participación en la vida cultural de la ciudad y, simultáneamente, que esta vida cultural fuese parte integral de la Escuela.

 

La Escuela de Artes comienza así sus actividades –y su nomadismo- en el Auditorio de la Facultad. Además de la carencia de planta física, por tratarse de una Escuela de muy particular carácter y sin antecedentes en el país, los problemas tenían forzosamente que ser complejos.  A los pocos meses de iniciar sus actividades y sin desvirtuar por ello el trabajo realizado para concretar el Proyecto inicial, el Pensum establecido para el Ciclo Básico y las menciones requirió algunas modificaciones. Se trataba de alcanzar un justo balance e integración entre la vertiente académica-teórica y la vertiente práctica-creativa, con el fin de producir una mejor formación del alumnado. En este sentido, el documento señalaba que si bien en nuestra Escuela el contacto con la práctica del arte tendría límites muy precisos - los suficientes para diferenciar su orientación de las escuelas e institutos netamente prácticos y especializados-, este contacto ampliaría más la relación entre la Escuela de Artes y el medio artístico nacional. Este Pensum es el que rige todavía nuestras actividades docentes.

 

A más de treinta años, una revisión del camino recorrido nos plantea nuevamente la necesidad de una reformulación de este Pensum de Estudios, a fin de que pueda garantizar verdadera solidez estructural al futuro de la Escuela.

 

Con todo, a lo largo de estos años, y a través de la labor de los distintos directores que se han ido sucediendo (Inocente Palacios 1978-1981, 1981-1984, 1984-1987; Nelly Barbieri 1987-1990; Daniel Salas 1990-1993; Christiane Dimitriades 1993-1996; Isaac Chocrón 1996-1998; Mariantonia Palacios 1999- 2002; Xiomara Moreno 2002-2005; Hugo Quintana 2005-2008; Juan Francisco Sans 2008-en curso), y del trabajo mancomunado de profesores, empleados y estudiantes, la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela se ha ido convirtiendo en un lugar de formación y en un centro cultural polivalente integrado a la vida del país.

 

Proyectos y realizaciones continúan surgiendo, a pesar de las serias dificultades de infraestructura física, ya que la Escuela sigue careciendo de sede propia. Demás está decir que en muchos sentidos esta carencia dificulta la vida orgánica de la Escuela. Si embargo, podemos decir que se ha logrado un avance importante en todas las metas que se plantearon como retos hace ya más de veinte años. Los egresados de la Escuela gozan de un bien ganado prestigio en nuestro país y fuera de él por su sólida preparación, y año tras años aumenta la demanda estudiantil para esta carrera, de modo que la Escuela desempeña un papel de primera línea en el quehacer cultural y artístico de Venezuela, además de haber generado un espacio para la creación, discusión, confrontación y análisis de ideas y planteamientos asociados a la realidad de los fenómenos estéticos y socioculturales.



[1]En 1972, el entonces Director del Instituto de Artes, profesor Santiago Magariños, esbozó un Proyecto que fue retomado dos años después, por una Comisión designada por el Consejo de la Facultad de Humanidades e integrada por los profesores: Antonio Pasquali, Federico Álvarez y Pedro Beroes. Éstos sugirieron la creación de una Escuela que proyectara a una esfera mayor el estudio, la conservación y la difusión del arte nacional y latinoamericano. Tales proposiciones fueron retomadas y desarrolladas por una segunda Comisión,  conformada por Mauro Parra, Miriam Dembo, Marta Traba, Isaac Chocrón, Esteban Herrera y Mietek Detyniecki. Continúan entonces esa labor pionera personalidades vinculadas al desarrollo de las instituciones culturales más importantes del país, así como a las actividades creativas y de investigación.