La Caja de Ahorros y Previsión Social de los Empleados de la UCV, fue creada por el Dr. Fermín Huizi Cordero, Eduardo Betancourt, Emilio González Moreno, Pedro Pérez Sánchez, Luís Castillo, Alida Moreno Martínez y Pedro Castro Barrera, acorde con una resolución del Consejo Universitario de la Universidad Central de Venezuela el 19 de diciembre de 1958. Esta asociación civil, fue creada con el propósito fomentar el ahorro y otorgar préstamos a sus afiliados; procurarles viviendas y beneficios, reconocerles un auxilio de cesantía, establecer servicios asistenciales e invertir sus fondos. La Caja de Ahorros y previsión social de los trabajadores de la Universidad Central de Venezuela, es una institución con personalidad Jurídica, distinta a la UCV, debidamente registrada como asociación civil e inscrita ante la Oficina Subalterna del primer circuito de registro del Municipio Libertador del Distrito Federal, hoy Distrito Capital, en fecha 22 de Julio de 1959, bajo el Nro. 27, folio 62 vto., tomo 7, protocolo primero.

 

Al revisar la historia de nuestro país, sería difícil encontrar en ella alguna etapa donde se haya pretendido darle un carácter beligerante y protagónico a la población. A lo más, nos encontraremos con hombres guías de la sociedad, detrás de los cuales se hayan movido las “masas” y a los cuales se les exigían todas las responsabilidades, dejando a un lado el inconmensurable poder que representa un pueblo participando activamente en el diseño de su futuro, única garantía de una sociedad justa, libre y equitativa.

Nuestra nueva Constitución rompe con el esquema del poder representativo, lo que ha conllevado al despertar de una fuerza popular que por siglos permaneció escondida y silente. A veces los sueños duermen.

Los trabajadores de la Universidad Central de Venezuela constituyen quizás uno de los primeros sectores en tomar estas banderas e irrumpir contra la vieja estructura. En Asambleas Generales y en distintas movilizaciones exigió y exige: participación directa de la gestión universitaria, representación con voz y voto en los Consejos Universitarios, de Facultades y Escuelas, participar en el control del presupuesto universitario para garantizar su transparencia, exige mecanismos justos y democráticos para el ingreso   estudiantil,   la humanización de las carreras y en fin, ser parte  activa  de  un  proceso de cambios de paradigmas en nuestra Universidad. Resultaba lógico esperar  que  los  trabajadores también   dirigieran  ese  esfuerzo transformador hacia sus propias instituciones y en concreto a su Caja de Ahorros.

 

 

Este proceso ha tenido varias etapas, siendo la primera la erradicación por vía electoral de las directivas que tanto daño le hicieron a la Caja, a tal punto de encontrarnos en aquel momento con una Institución a punto de la bancarrota, con miles de millones de pérdidas acumuladas.

La segunda etapa era necesariamente la recuperación moral y financiera de nuestra Caja. Debíamos demostrar y demostrarnos que los propios trabajadores éramos capaces de remediar tanto daño, y que la corrupción no era inherente al manejo de nuestros recursos. Lo hicimos.

En menos de 3 años, la C.A.P.S.T.U.C.V. experimentó el vuelco más impresionante que Caja alguna haya vivido en el país, situación esta reconocida por propios y extraños. No sólo en términos de su solidez financiera reflejada en las ganancias mil-millonarias de su actividad, sino en la labor social que desarrolla.

Hoy día, estamos en la tercera y más importante etapa de este proceso, que no es otra que la de lograr la participación efectiva de todos los asociados en el conocimiento, planteamiento, manejo, gerencia y control de su Caja de Ahorros.

Decimos que es la más importante, porque solo de esta manera garantizaremos que esta Asociación nunca más caiga en manos inescrupulosas y que su actuación vaya  dirigida siempre a satisfacer las aspiraciones y necesidades de todos sus socios. Si no hacemos esto, sería solo cuestión de tiempo para que de nuevo otras manos destruyan lo que tanto ha costado recuperar.