Noticias del Rectorado

Quincuagésimo aniversario de la restitución de la Autonomía Universitaria. Año jubilar 2008-2009

08/07/2009 00:00 Antigüedad: 8 años

Al cumplirse medio siglo del regreso de la autonomía universitaria a su plena vigencia, el Consejo Universitario y las Autoridades Rectorales de la Universidad Central de Venezuela acordaron declarar el Año Jubilar de la Autonomía Universitaria, 2008-2009, en bien merecida celebración de un hecho de tan profunda significación académica, humana, social, cultural y política.

 

La autonomía universitaria es mucho más que un sistema administrativo y de cogobierno en las universidades. El concepto de autonomía está consustancialmente unido al propio concepto de universidad. No se concibe la búsqueda del saber ni la enseñanza de las ciencias y las humanidades, dentro de un organismo sometido a las restricciones y tendencias dogmáticas y unilaterales que son propias de las universidades que no gozan de autonomía. Es un sistema cuya imperfección, inherente a su condición de obra humana, se compensa con la libertad que sólo él asegura para la discusión de las ideas desde los más diversos puntos de vista.

 

En la práctica la noción de autonomía universitaria suele reducirse a las instituciones y sus mecanismos administrativos y de cogobierno, más la inviolabilidad del recinto de ellas, los cuales son en la praxis los instrumentos fundamentales de la autonomía; pero ésta es sobre todo un principio básico que va más allá de lo puramente pragmático.

 

En Venezuela la autonomía universitaria es una tradición de larga data, en todo tiempo muy sentida por los universitarios y amplios sectores del pueblo. La universidad venezolana nació autónoma, y traspuesto el período colonial siguió siéndolo, amparada en los Estatutos Republicanos elaborados por  la propia Universidad de Caracas y promulgados por el Libertador, acompañado por el doctor José María Vargas a quien él designara Rector.

 

 La promulgación de dichos Estatutos  tuvo lugar el 24 de junio de 1827, evocada como la fecha básica a partir de la cual contar los años de vida republicana de la institución. Una suma de factores negativos determinó en poco tiempo el cese de la autonomía, y la Universidad fue adscrita al Ministerio de Instrucción Pública, pasando a depender del presupuesto del mismo; lo que llevó a José Agustín Silva Michelena a hacer la siguiente observación, en texto que escribiera al conmemorarse 152 años de la histórica apertura estatutaria: “La Universidad era más una fuente de milicianos potenciales, a quienes se recurría periódicamente para alistarlos en los ejércitos del caudillo de turno, que una institución dedicada a estudiar los problemas del país y a asomar soluciones para resolverlos”.

 

Las primeras agresiones contra la autonomía y su total eliminación fueron perpetradas por los gobiernos autoritarios de José Tadeo Monagas (1849) y Antonio Guzmán Blanco (1883), éste despojó a la Universidad de Caracas de las rentas que garantizaban su independencia financiera. La abolición de toda autonomía, y la lucha por recuperarla, se mantuvo a lo largo del tiempo, especialmente bajo las dictaduras de Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. La UCV ha sido desde siempre consecuente cuestionadora de los regímenes de fuerza y combativa en  enfrentarlos, sufriendo en consecuencia los embates de los mismos.

 

El régimen autonómico se recuperó plenamente al ser promulgada la Ley de Universidades por la Junta de Gobierno, bajo la presidencia del Dr. Edgar Sanabria, el 5 de diciembre de 1958. Desde entonces esta ley ha regido nuestras universidades autónomas, con pleno ejercicio de la autonomía pese a las reformas que sufrió en 1970, que desmejoraron el sistema autonómico y permitieron la destitución de las autoridades de la Universidad Central de Venezuela para ese momento activas.

El 18 de diciembre de 1958 tuvo lugar en el Aula Magna un acto de memorable relevancia, el de la Proclamación de la Autonomía Universitaria; allí y entonces el Rector Francisco De Venanzi recibió de manos del Presidente Sanabria, un ejemplar caligrafiado de la Ley de Universidades recién decretada.

A partir de allí la autonomía se ha mantenido a plenitud, y hoy día el principio y sistema autonómicos han sido elevados al rango constitucional en los términos más amplios. En efecto, en uno de los artículos de la Constitución de 1999 se establece que: “Las universidades autónomas se darán sus normas de gobierno, funcionamiento y la administración eficiente de su patrimonio bajo el control y vigilancia que a tales efectos establezca la ley. Se consagra la autonomía universitaria para planificar, organizar, elaborar y actualizar los programas de investigación, docencia y extensión. Se establece la inviolabilidad del recinto universitario”.

 

La Universidad puede y debe ser entendida como una comunidad de profesores, estudiantes, empleados y obreros, llamada a relaciones armónicas en razón de la identificación de sus integrantes en torno a los grandes objetivos de la institución, y es con tal criterio en mente como abordamos la situación del conjunto y de cada una de sus partes. No es nuevo el principio del pluralismo ideológico y de la diversidad de credos, unido a la posibilidad de su libre expresión, y siempre será pertinente reiterar su validez como rasgo distintivo de la condición universitaria.

 

Es válida la insistencia en prefigurar la Universidad que mejor responda a nuestras demandas y expectativas, como universitarios y como ciudadanos conscientes genuinamente preocupados por el destino del país; pero camino a las formulaciones proyectadas a un futuro ideal volvemos los ojos hacia nuestros respectivos escenarios, y revisamos críticamente nuestra propia conducta como actores; qué hemos hecho y en qué medida hemos honrado el comprometedor papel que socialmente tenemos encomendado, y con cuánta claridad hemos entendido el deber de la comunidad que conformamos, de trabajar para conferirle sentido y trascendencia al presente.

 

Junto con valorar y respetar la experiencia y la condición reflexiva de la madurez; acogemos y apoyamos el aire fresco y vivificante de las ideas y de la conducta de los jóvenes, que han probado ser el factor natural con que cuenta la historia para sus cambios trascendentes. No somos seres para una idea única, mucho menos si en la elaboración de ella se nos excluye con la pretensión de imponérnosla, y sobre todo si quien así nos trata es alguien que a partir de su ignorancia echa mano de recursos dictatoriales. En razón de preciada dignidad, nos es absolutamente inadmisible una universidad carente de autonomía para trazar su futuro, abrir camino a nuevos conocimientos y difundirlos.

 

De hecho, la autonomía universitaria está estrechamente ligada con el concepto de libertad y es esencialmente democrática. Es larga la historia de los ataques a las universidades y su condición autónoma, y estos años llamados revolucionarios han sido de una desatada agresividad contra las mismas, incluidos asaltos con destrucción patrimonial, y tomas violentas para atrincherarse en ellas a nombre de una supuesta “recuperación para el pueblo”. Lamentablemente al plan oficial antiautonómico se le suman varios factores igual de negativos, con el agravante de que sus protagonistas son universitarios, al menos en cuanto a ser egresados, que desvirtuando su propia formación y su respetabilidad han quedado reducidos a sumisos cumplidores de órdenes de un caudillo militar.

     

Entre muchos aspectos que en el campo de la educación producen profunda preocupación e intranquilidad, está el adoctrinamiento político de los niños, que ya se expresa como activa aberración en los programas de varias escuelas, traducido en criaturas vestidas y marchando como soldados y en algunos casos portando un arma; como también  el hostigamiento a los colegios privados, el rechazo presidencial a la excelencia académica, su constante descrédito de nuestros profesionales, y su evidente pretensión de liquidar la autonomía de las universidades.

El universitario es un mundo de especial significación e importancia histórica, que entre nosotros ha sido fundamental en el desarrollo de una conciencia democrática, y al cual el actual Presidente venezolano se refiere con desprecio, como parte de su obstinación en negar la validez del trabajo y el estudio, y en propiciar la destrucción de cuanto represente valores éticos, académicos, estéticos y de toda forma de espiritualidad, que a juicio de su Gobierno constituyen privilegios con los cuales acabar. Es muy importante que quienes laboran en las universidades y la sociedad como un todo, en su carácter de destinataria final de la labor universitaria, adquieran conciencia de este hecho y conformen en sus mentes un concepto de autonomía indisolublemente unido al concepto mismo de universidad. 

 

Entendemos que la respuesta universitaria al reto de un milenio signado por un extraordinario desarrollo científico y tecnológico, no puede limitarse a la contemplación del incremento de la matrícula estudiantil y a ver cómo darle cabida; sino que está obligada a ser cualitativa, y en razón de ello procuramos revisar en profundidad y renovar nuestras concepciones y nuestros métodos, junto con ejercer el derecho a plantear exigencias concretas a nombre de nuestra propia excelencia.

Insistimos asimismo en concederle a la política científica y tecnológica institucional toda la relevancia que merece, manteniendo una interrelación dinámica entre las funciones docentes y de investigación, y valorizando esta última como generadora que es de una actitud antidogmática y de una amplia apertura mental y espiritual.

 

Pero en medio de tantas circunstancias adversas se da la alentadora perspectiva de la movilización general de nuestras universidades, que nunca han dejado de ser populares ni de actuar en función del bien nacional; cual calificado punto de partida para la lucha a gran escala contra el proceso de involución y degradación cultural y educativa que hoy padece el país.

 

Hacemos nuestra e igualmente reiteramos la acertada observación de que la autonomía se puede y se debe fomentar, más que defender, a través de la exaltación de los seres humanos que han hecho de nuestra Universidad la primera del país; muy especialmente el patrimonio viviente de la UCV y la obra que ha realizado a pesar de todas las dificultades que desde hace muchos años ha confrontado.

 

En el acta firmada por los rectores venezolanos en 1976, al constituirse en Caracas el Consejo de Rectores en adhesión al Segundo Encuentro de Universidades Latinoamericanas, quedó establecido que “Es misión fundamental de las universidades velar por la vigencia de los Derechos Humanos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y por el respeto a la dignidad de las personas, contribuir a salvaguardar y desarrollar el patrimonio cultural de la humanidad, y defender  y promover los valores más altos del espíritu”.

 

Consejo Asesor: Elsa Cardozo, Pedro Cunill Grau, Raúl García Arocha, Héctor Malavé Mata, Alexis Márquez Rodríguez, Carlos Alberto Moros Ghersi, Alberto Navas, Elías Pino Iturrieta,  Luken Quintana, Heinz Sonntag, Ildemaro Torres.

 

Cecilia García Arocha     -   Nicolás Bianco C.           Bernardo Méndez            Amalio Belmonte

        Rectora                  Vicerrector Académico    Vicerrector Administrativo       Secretario

 


CIUDAD UNIVERSITARIA DE CARACAS
"PATRIMONIO MUNDIAL" (UNESCO, 2000)

"La mejor garantía de conservación de los monumentos y de las obras de arte viene del afecto y respeto del pueblo, y ese respeto asienta sus bases en la educación y en el fomento de su conocimiento". (Carta de Atenas, 1931)