Palabras pronunciadas por la Rectora de la UCV, Profesora Cecilia García-Arocha, en ocasión del Acto de conferimiento de títulos a los egresados de la Facultad de Humanidades y Educación.

 

En el marco de la compleja  situación socio política que vive el país, la academia  venezolana  vivió durante el mes de  diciembre  del pasado año  circunstancias relacionadas  con la  legislación que norma su misión,  caracterizadas  por  intentos  de  imponer una  ley de  universidades, obviando todos los procedimientos  que la tradición democrática exige  y la constitución nacional  consagra. Asimismo,  pudo  apreciarse que la asamblea  nacional sancionó  un conjunto de leyes que condicionan  la libertad de expresión y la comunicación libre, que son derechos  esenciales en las  sociedades democráticas.

 

En el  caso especifico de la denominada Ley de  Educación Universitaria,  se  hizo evidente para las  diferentes comunidades  académicas del país, que  era  necesario  asumir  una  lucha  firme y decidida  para exigirle a los  legisladores  incluir, tal como lo establece la constitución nacional, la opinión de los  diferentes sectores que  representan el mundo universitario nacional, y asimismo,  tomar  como aspectos ineludibles para elaborar  una ley de  universidades, principios  tales como: la  autonomía, la  pluralidad, la universalidad del conocimiento científico  y cultural  y el derecho al pensamiento crítico,  todos ellos, inherentes a la naturaleza de las instituciones de educación superior.

 

La UCV junto al resto de las  universidades  nacionales  prevalida de su tradición, hidalguía  y sentido de trascendencia histórica,  desarrolló con sus estudiantes, profesores,  estudiantes  y  el  respaldo de la sociedad  civil, una constante  movilización junto a  un incesante debate, fundamentado en los  argumentos que sus recursos académicos le otorgan, que tuvo entre  sus acciones  más importantes, solicitarle al presidente de la república, por intermedio del consejo universitario, de acuerdo a decisión del pasado 29 de diciembre, la no promulgación  de la Ley de  Educación Universitaria aprobada por la Asamblea  Nacional, basada en que los  contenidos  de la Ley  mencionada  no se correspondían  a los postulados establecidos en la Constitución vigente en su articulo 109, que consagra la Autonomía  Universitaria, iniciativa a la cual se  sumaron otras  universidades  nacionales, de esta forma actuando con espíritu  unitario, la  academia  venezolana  logró que el Presidente  devolviera la ley al parlamento, donde le fue levantada sanción.

 

Así, un nuevo panorama se presenta para la Universidad, por lo que  pondremos  todo  nuestro empeño y conocimientos  para abrir  un espacio  que  permita discutir  un proyecto de Ley de  Universidades, con la participación sin exclusión, evitando la hegemonía  de  una  sola perspectiva  y pensamiento, para  construir un  nuevo ordenamiento  jurídico  que  permita  organizar el sistema  nacional de  universidades  bajo el principio de la autonomía y la libertad académica.

 

La UCV honrará la  responsabilidad  que le corresponde  sobre este  asunto  tan importante para  responder  de la mejor manera posible  al  reto  que hemos expuesto. Demostró con esta actuación nuestra Universidad su irreductible compromiso con la verdad, con lo justo, con un país que cree en los valores de democracia y libertad

 

Es ésta, la Universidad de la que hoy ustedes egresan, una institución firme en el tiempo, en la historia, blandiendo las banderas de la dignidad, de la democracia, del pluralismo. La que vence la sombra a través del talento, de la generación de conocimientos, de la labor creadora, la que da cabida al pensamiento diverso, indivisible en su contenido ético.

 

Para la historia de la Universidad Central de Venezuela, el de hoy pudiera ser un día más de fiesta académica, para los graduandos un trascendente evento de sus vidas; sin embargo, la fecha con una visión retrospectiva, nos trae a la memoria lo que obliga a reflexión, los acontecimientos que culminados en un 23 de enero hace ya 53  años, dieron fin a un oscuro período de represión y tiranía. El 23 de enero de 1958 con el derrocamiento del régimen dictatorial, presidido por el general Marcos Pérez Jiménez, se abrió una esperanza y una vida nueva para Venezuela. Naciendo de nuevo la democracia y con ella un período de libertad y de creación. 

 

La autonomía universitaria, condición que es parte de su esencia, transita también por estos cincuenta y tres años de democracia reconquistada y enfrenta,  igual que en el pasado, amenazas que pudieran afectar seriamente  principios que le son inherentes y ante las amenazas que sobre ella se ciernen, los universitarios de siempre  levantamos  la  voz para expresar nuestra permanente e irreductible actitud de defensa de este carácter que, legado por el libertador simón bolívar, llevamos arraigado en el espíritu y el que hace posible nuestro diario quehacer. 

 

Ambas circunstancias, cada una en su dimensión, configuran el contexto en el que tiene lugar el acto de este día y que resultan imposibles de obviar, si aspiramos ser consecuentes con la tarea formadora de la universidad, la que nunca termina, aún cuando eventos que como el de este día constituyan, al decir del ex rector Francisco de Venanzi “el encuentro para la despedida”.  Este encuentro justamente es oportuno para dejar un mensaje que a manera de reflexión pueda coadyuvar en ustedes egresados, el sentimiento de admiración por esta casa que les proporcionó saber, pero también les induzca a reafirmar el compromiso que con país y con universidad, debe ser permanente y, que no es otro, que el de defender lo justo, lo digno, lo democrático, lo plural, el de actuar de forma honesta, transparente, el de servir con sentido de amplitud, sin hipotecar conciencias, y sin genuflexiones ante el poder.          

 

En tanto ustedes se dirigen al mundo del ejercicio profesional, continúa la Universidad en su tarea de creación, esa que no tiene lugar para el descanso, pero para la que se requiere libertad y como expresión de ella: autonomía. Ya en la reciente Asamblea de la Unión de Universidades de América Latina celebrada el pasado noviembre en Lima, quedó asentado que las instituciones de educación superior son por naturaleza plurales y diversas, donde se practica tolerancia y la construcción de espacios de debate y reflexión como métodos para lograr acuerdos y una participación social activa;        y que es indispensable reconocer, por todos los actores: gubernamentales, políticos, partidistas y sociales, que sólo con autonomía podemos conseguir los fines de la educación superior”. 

 

En este sentido, al suscribir la mencionada declaración, compartimos los planteamientos de González García de la Universidad de Costa Rica y que señalan:         “defender la autonomía es poder construir creativamente, crear sin censura, transformar  en conjunto lo que se considera necesario y beneficioso. Es la posibilidad de funcionar libremente y organizarse sin condicionamientos. Es investigar e incidir con la acción social en los ámbitos que se consideren pertinentes. Es darse el gobierno que se juzgue conveniente sin intromisiones políticas, económicas o culturales. Defender la autonomía, la independencia, la libertad de cátedra, la autodeterminación es defender, entonces, un principio constitucional que nos favorece, como instituciones públicas, en el logro del bien común. Tener autonomía es garantizar la libertad”.

 

Para referirse a las humanidades, Jareño Alarcón, de la Universidad Católica de Murcia, al citar a Bullóck, señala que “los estudios humanísticos deben permanecer como una parte esencial de nuestra formación cultural y de nuestras vidas, entre otras razones, porque responden a la necesidad de encontrar sentido a la vida y al ansia de identidad individual que siente el hombre hoy no menos que en el pasado”.

 

Considera Jareño  que “los grandes pilares que sustentan las humanidades son la historia, las lenguas y la filosofía, con su variante de reflexión moral, a partir de los cuales se puede acreditar el peso específico que adquieren los estudios en cuestión, en su dimensión contributiva a los procesos de desarrollo social, cultural y espiritual, para agregar que el escrutinio de la historia es imprescindible para saber quiénes somos, así como de lo que somos capaces y que es el estudio de la historia lo que puede asentar nuestra confianza en que el futuro está por decidir; que podemos ejercer algún tipo de control sobre él, de modo que en la comprensión del mismo se haga patente el desarrollo de nuestra libertad. Es ésta una de las más destacadas características de la tradición humanista”. Continúa el autor expresando que “el segundo pilar del trabajo humanístico es la preocupación por las lenguas y que si ya Aristóteles señalaba  que un elemento fundamental para mostrar el carácter social del individuo era el lenguaje, las reflexiones contemporáneas de la filosofía lingüística vuelven a hacer hincapié en la consideración del ser humano como ser simbólico. Agrega, que es en el lenguaje donde la comunicación se hace posible. Donde podemos manifestar emociones, transmitir realidades, despertar sentimientos, etc. expresa además, que  los poetas han explotado abundantemente estas posibilidades de expresión. Homero, por ejemplo, transmitió con sus hexámetros dactílicos toda una cosmovisión que dio forma a una parte sustancial de la cultura griega antigua. Ovidio versificó con sublime tino, las artes amatorias humanas, elevándolas a la categoría de mito. Whitman reivindicó el ego exaltando los valores de lo individual hasta su casi exacerbación. César Vallejo apuntó los extremos de los excesos retóricos en su crítica amarga al vaciamiento de las palabras con su mal uso. Tan importante es la expresividad lingüística que, reflexionando sobre el alcance de la crítica cultural, y en un arranque de lucidez crepuscular, Theodor Adorno, escribía: “luego de lo que pasó en el campo de Auschwitz es una barbaridad escribir un poema”; así manifestaba la altura y la profundidad morales del silencio.

 

El tercer pilar de los intereses humanísticos al decir de Jareño ya citado, se construye en torno a la reflexión filosófica. “fue tarea de los humanistas hacer de la filosofía una escuela de la vida humana, trasladando su atención a los problemas suscitados en ella. Son las humanidades, en tanto que estudio integral de la persona, las que nos transmiten la creencia de que ésta tiene un valor en sí misma. Que el respeto al individuo es la fuente de todos los demás valores y derechos humanos.”               

 

Formando parte importante de ese mundo de las humanidades nos encontramos con la psicología, llamada la ciencia del alma, comunicación social, las letras la bibliotecología y archivología, la educación, el arte y la geografía, todas ellas en su exacta dimensión, constituyen disciplinas de inmenso valor, el que se redimensiona en los tiempos que hoy transcurren para el país: censura a la libre expresión, déficit de políticas orientadas a la preservación del ambiente, hoy más que nunca objeto de agresiones, transmisión de conocimientos con evidente sesgo y formación de profesionales orientados más que a la formación, al adoctrinamiento de niños y jóvenes, limitaciones para la expresión artística y para hacerla visible, manipulación de la memoria histórica y del patrimonio documental.  Inmensos retos para quienes egresan con un caudal de conocimientos, con una formación sólida y ávidos de  llevarlos  a la práctica.         Nuestros votos sinceros son porque el camino les sea leve, que vuestros planes y proyectos logren su realización, que vuestro ascenso profesional sea producto de un esfuerzo sostenido, enmarcado éste en los principios de ética y solidaridad y que nuestra patria, adolorida, reciba el beneficio de vuestro talento y trabajo.        

 

La gratitud es un sentimiento que obliga. En cada éxito, en cada logro,  hallamos personas que contribuyeron a ello. En este día a padres, madres, hermanos, hermanas, esposas, esposos, en fin familiares y amigos, les es  reconocido  su valor en vuestro proceso formativo. Con ellos compartimos la satisfacción de este día de manera muy especial, con quienes forman parte del conglomerado ucevista.        

 

Por azar y en fecha reciente, recibimos un mensaje cuyo texto queremos transmitir en este día:   

 

“se firme en tus actitudes y perseverante en tus ideales. Pero se paciente, no pretendiendo que todo te llegue de inmediato, has tiempo para todo y todo lo que es tuyo vendrá a tus manos en el momento oportuno. Aprende a esperar el momento exacto para recibir los beneficios que reclamas. Espera con paciencia a que maduren los frutos para poder apreciar debidamente su dulzura”.       

 

A partir de hoy vuestro rumbo deberá ser hacia el éxito, ese que sólo es posible cuando hay tranquilidad de conciencia, ese poder interno que nos reclama, que nos guía y que al decir del poeta de Venezuela Andrés Eloy Blanco: “con la conciencia no se juega, con el ideal no se pacta, por grandes que sean las tentaciones, por erradas que estén nuestras creencias, “a la larga el ideal se incorpora, la conciencia se yergue” y... decimos nosotros: lo justo, lo noble, siempre va adelante.       

 

Esta Universidad que hoy les despide en la esperanza de haber creado con ustedes.  El vínculo indisoluble que se expresa en el sentimiento y orgullo de ser ucevista, al mostrarse satisfecha por haber cumplido una vez más con su deber.   

 

Queridos graduandos  y graduandas, egresan hoy de la  ilustre Universidad Central de  Venezuela, no olviden nunca que ustedes siempre serán el reflejo de la UCV: cultura de paz, libre, plural, democrática y autónoma.               

 

Felicidades y gracias.

 

Caracas, 28 enero 2011